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Alicia de Battenberg, la princesa sorda heroína

Entre 1885 y 1969 vivió en Europa una princesa que fue admirada por su belleza, por su generosidad y por su renuncia a la riqueza y privilegios en favor de las personas más desfavorecidas. Se llamaba Alicia de Battenberg y nació profundamente sorda.

La princesa Alicia era profundamente sorda

Cuando nació, se creyó que no era una niña muy inteligente, que tardaba en aprender a hablar y lo hacía mal, hasta que se descubrió a los ocho años que era sorda de nacimiento. Aprendió a leer los labios y lengua de signos, con la que se comunicaba con su hijo mejor Felipe (más tarde Príncipe Felipe de Edimburgo).

Con sólo 17 años Alicia se enamoró del entonces Príncipe Andrés de Grecia, con quien se casó en 1903, por lo que pasó a formar parte de la Familia Real griega y obtuvo el título de Princesa de Grecia y Dinamarca.

Una vida extraordinaria

Los familiares de Alicia creían que su sordera la hacía más sensible hacia las personas más desfavorecidas y su vida está llena de acciones generosas, estas son algunas de ellas.

Durante la Guerra de los Balcanes, Alicia trabajó como enfermera, asistió en cirugías y ayudó a fundar hospitales de campaña, trabajo por el cual se le concedió la Real Cruz Roja de Reino Unido en 1913.

En 1922 la princesa Alicia, el príncipe Andrés, sus cuatro hijas y su hijo Felipe tuvieron que escapar de Grecia en un barco británico que los dejó en París, donde vivieron como familia refugiada que sobrevivía gracias a las donaciones de sus familia y una pequeña casa que le había prestado una familiar. Allí Alicia, en lugar de quedarse con la comida que recibía de su hermano, repartía la comida entre las personas refugiadas.

La Princesa Alicia estaba considerada además una de las princesas más bellas de su época.

En 1941 Alicia estaba no podía salir de Grecia, que estaba ocupada por los nazis. En ese momento había 75.000 personas judías en Atenas, 60.000 fueron llevadas a campos de concentración nazis, 13.000 fueron asesinadas y 2.000 sobrevivieron. Alicia acogió a una viuda judía y sus dos hijos en su casa de Atenas durante más de un año, arriesgando su propia vida, ya que vivía a apenas unos metros de un cuartel general de la Gestapo (policía secreta de la Alemania nazi). Cuando finalmente la Gestapo sospechó de Alicia y fue interrogada, ella simuló no entender ninguna pregunta utilizando su sordera.

Durante esta época de ocupación nazi, Alicia también trabajó para la Cruz Roja, organizando comedores y creando refugios para niños/as huérfanos/as. Además, creó un servicio de enfermería para dar atención médica a las personas atenienses más pobres.

Alicia nunca habló de su acciones heroicas, ni siquiera a su familia, que no se enteró hasta mucho después de su muerte. En 1994, Alicia recibió el título "Justos entre las Naciones", la máxima condecoración que se concede a personas no judías.

La Princesa Alicia de Battenberg de mayor (foto: © PA / Hello Magazine)

Fallecimiento

Aunque Alicia se volvió profundamente religiosa y tenía el hábito de una monja, nunca hizo votos. Volvió al Palacio de Buckingham en 1967, después un golpe militar griego, donde vivió con su familia británica hasta su fallecimiento dos años después, sin ninguna posesión, pues había donado todas sus pertenencias a personas en situación de pobreza. Pidió ser enterrada en el Monte de los Olivos de Jerusalén, un deseo que finalmente se cumplió en 1988.

Puedes consultar una biografía completa de la vida de la Princesa Alicia en Wikipedia.




Fuentes:

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